Francisco I: los vínculos de Jorge Bergoglio con el dictador Massera y la represión argentina
Fuente: Mundiario

Jorge Mario Bergoglio.
El mundo se enteró del filonazismo de Joseph Ratzinger cuando llegó a
la máxima jerarquía católica como Benedicto XVI. Su foto en las
Juventudes Hitlerianas recorrió el globo. En cambio, las complicidades
de Jorge Bergoglio con la dictadura argentina, Emilio Massera y el robo
de bebés eran conocidas antes de ser ungido como Francisco I.
Como muchos estamentos de la política argentina, la Iglesia decía
saber poco sobre lo que estaba pasando en la Dictadura Cívico Militar
(1976-1983) donde 30.000 personas fueron desaparecidas y asesinadas.
Semejante falsedad cae por su peso ante la evidencia pública de
aquellos años. Ya previamente al golpe militar, la ultraderecha fascista
llevaba adelante sus crímenes, inclusive contra los miembros del
Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, con el conocimiento de
las cúpulas eclesiales. El más emblemático fue el asesinato del Padre
Carlos Mugica el 11 de mayo de 1974 por la Triple A (Alianza
Anticomunista Argentina).
No hubo sala de torturas en las que no hubiera un miembro del clero
para dar apoyo espiritual a quienes violaban mujeres, que hacían parir
en cautiverio para, para luego matarlas; a quiénes vendían los bebés que
hoy son buscados por sus abuelas; a los civiles que evangelizaban con
la picana en las salas de torturas, y por la buenaventura de los pilotos
que arrojaban los cuerpos vivos desde aviones en el mar.
Francisco I
Jorge Bergoglio afirmó que “se fue conociendo poco a poco lo que
estaba pasando”. Una mentira originaria, publicada en su libro “El
Jesuita”.
–Voy a hacer desaparecer a todos los que están con usted, y a usted todavía no puedo porque es obispo.
Estas palabras las escupió el coronel Manuel Saint Amant al obispo Carlos Ponce de León.
En la Asamblea Plenaria del Episcopado del 11 de mayo de 1976, el
cardenal Raúl Primatesta informó al resto de los obispos que bandas
parapoliciales estaban secuestrando y desapareciendo a miles de obreros
fabriles de la provincia de Córdoba. Miguel Hesayne, obispo de Viedma,
pidió apoyo a los familiares de los desaparecidos. El obispo Jaime de
Nevares reportó secuestros y saqueos a las viviendas de las víctimas en
Neuquén y reclamó que la cúpula eclesial emitiera una condena al
accionar de la Dictadura. Vicente Zazpe, arzobispo de Santa Fe denunció
torturas.
El obispo de La Rioja, Enrique Angelelli, contó que el jefe de la
base áerea de El Chamical había interrumpido su homilía durante la misa.
El 4 de agosto de 1974, mientras se dirigía a oficiar una misa en
memoria de dos sacerdotes asesinados, y llevando carpetas sobre otros
dos casos, Angelelli murió en la provincia de La Rioja cuando al menos
dos autos que lo perseguían hicieron volcar su camioneta.
Obispos de las provincias de Formosa y Misiones denunciaron la detención arbitraria y maltrato de trabajadores campesinos.
Además, 32 diplomáticos extranjeros enviaban su información a la
nunciatura en Buenos Aires a Pio Laghi, quien fue informado además por
un alto mando del Ejército que durante su campaña antisubversiva las
Fuerzas Armadas se habían visto obligadas a ‘encargarse’ de 15.000
personas”.
Los sacerdotes Orlando Yorio y Francisco Jalics denunciaron
directamente que Jorge Bergoglio los entregó a los militares. Ambos
estuvieron secuestrados durante cinco meses, desde el 23 de mayo de
1976, durante los que fueron permanentemente torturados en la ESMA.
Cuatro catequistas y dos esposos que fueron raptados en el mismo
operativo permanecen desaparecidas. Jalics y Yorio fueron liberados por
las gestiones del periodista Emilio Mignone y el Vaticano.
El conflicto interno era el trabajo que ambos sacerdotes realizaban
en un barrio muy pobre de la ciudad de Buenos Aires, en el Bajo Flores.
Bergoglio reclamaba que disolvieran esa comunidad o serían expulsados de
la Compañía de Jesús, medida que efectivizó por haber abrazado la
“opción por los pobres”. Sin la protección eclesiástica, los sacerdotes
tenían las horas contadas.
El obispo de Morón, Miguel Raspanti, temía que tras el golpe militar,
Yorio y Jalics fueran secuestrados y buscó protegerlos. La profesora de
catequesis de la diócesis de Morón, Marina Rubino, declaró ante la
Justicia que Bergoglio se opuso.
Por esta causa Bergoglio debió declarar, cuando ya era cardenal, en
noviembre de 2010 en la Causa Esma. Versiones lo ubican inclusive en la
sala de torturas y no precisamente como víctima.
Cabe decir que Bergoglio no era un lobo solitario en la inquisidora
iglesia de la Guerra Fría que asimilaba a herejes con comunistas y todo
aquello que ellos dijeran que se les parecía. El papa Paulo VI apoyaba
al dictador de la Junta, Emilio Massera, y los representantes de la
Iglesia participaban diariamente en la Escuela de Mecánica de la Armada,
el principal centro clandestino de tortura y desaparición.
La Comisión Interamericana de Derechos Humanos vistió la Argentina en
1979 para intentar tomar testimonio a los que se animasen, en plena
represión, denunciar el genocidio en marcha. Pero la CIDH no encontró
nada en su rápido paso por la ESMA.
Todos los secuestrados fueron transferidos la isla El Silencio, ubicada en el Tigre (provincia de Buenos Aires), que era el lugar de descanso del arzobispado de Buenos Aires.
Bergoglio le contaba en reiteradas ocasiones al ex jesuita Miguel
Ignacio Mom Debussy, quién le hacía de chofer, sobre sus reuniones con
el genocida Emilio Massera y sus planes políticos. Durante su reinado de
terror en la Esma, Massera tenía trabajando bajo amenaza de muerte y
torturas permanentes a un grupo de desaparecidos, recortando y
mecanografiando información para una plataforma política. La mayoría de
ellos nos aparecerían nunca más.
En las investigaciones judiciales sobre el robo de bebés durante la
Dictadura, Bergoglio adujo siempre desconocer el tema hasta recuperada
la democracia. Pero hay un testimonio que lo contradice: en 1977 fue
secuestrada Elena de la Cuadra estando embarazada. A pedido de la
familia, Bergoglio recibió al padre de la víctima que le dio una carta
para que intercediera el auxiliar del obispado de La Plata, Mario
Picchi.
La relación de Bergoglio con Massera no data de un acercamiento del
Papa al marino cuando accedió al poder. Bergoglio fue miembro (o
allegado, depende la versión) de Guardia de Hierro, una banda
parapolicial antisemita de la derecha peronista. En 1974 Bergoglio
entregaría a Francisco Cacho Piñón, uno de los máximos dirigentes de
Guardia, el rectorado de la Universidad del Salvador, dependiente de
los jesuitas
Ya en 1977, cuando Bergoglio integraba la conducción de la Usal, hizo
nombrar Doctor Honoris Causa a Emilio Massera en una ceremonia
celebrada el 25 de noviembre de ese año.
En junio de 2010 Bergolgio encabezó además la presentación de un plan
de gobierno opositor al kircherismo. Lo hizo rodeado de una auténtica
banda de funcionarios neoliberales de la presidencia de Carlos Menem, la
más escandalosa de la historia moderna. Sentado a la izquierda de
Bergoglio estaba el ex ministro Roberto Dromi, motor de todas las
privatizaciones irregulares y a precio vil. Lo acompañaba también el ex
ministro de Defensa de los gobierno de Raúl Alfonsín y Fernando De la
Rúa, Horacio Jaunarena, que hacía de embajador de los intereses de los
militares procesados en la democracia.
Literalmente el documento presentado por Bergoglio era un plan de
gobierno que incluía desde un plan económico alineado al FMI, hasta
seguridad y defensa.
El 25 de mayo de 2010 el Episcopado transmitió al gobierno nacional
un pedido de amnistía firmado por los ex dictadores Jorge Videla y
Benito Bignone, el sacerdote Christian von Wernich y un centenar de ex
militares, marinos, policías, penitenciarios y agentes civiles de
Inteligencia detenidos por su participación en crímenes de lesa
humanidad
En 2010 Bergoglio tuvo uno de sus picos más altos en su cruzada
contra el gobierno argentino: el Congreso aprobó el 15 de julio la
reforma del Código Civil que permite el casamiento entre personas del
mismo sexo, para que las parejas gay accedan al derecho de herencia,
cobertura médica compartida y demás equiparaciones con todos los
matrimonios. Bergoglio calificó la resistencia como una “Guerra de
Dios”. Francisco I fue colaborador de Antonio Quarracino, el primado
argentino que calificó en 1994 a gays y lesbianas como “una sucia
mancha” y recomendó encerrarlos en una isla o ghetto donde se rigieran
por sus propias leyes. “No seamos ingenuos: no se trata de una simple
lucha política; es la pretensión destructiva al plan de Dios”, escribió.
En 1985 lejos estaba Bergoglio de aspirar al máximo trono de la
Iglesia Católica. En ese entonces, mientras se desarrollaba el Juicio a
las Juntas Militares, el secuestrado Orlando Yorio, fallecido en el
2000, declaró: “Estoy seguro de que él mismo les suministró el listado
con nuestros nombres a los marinos”
“Ahora dice que viaja en subte y colectivo. En la larga década en que
yo lo serví no iba a ningún lado sin el auto, ni siquiera a los barrios
que estaban a pocas cuadras, como La Manuelita”, respondió Debussy en una entrevista.
Luciano Benjamín Menéndez y un grupo de
represores en el juicio por la Mega Causa “La Perla” por torturas y
desapariciones durante la dictadura, vistieron escarapelas del Vaticano
al día siguiente del nombramiento de Bergoglio
Minuta del encuentro de la Iglesia en 1976.